La hipótesis de la financiarización y el marxismo: ¿una contribución positiva o un caballo de Troya?”: Stavros Mavroudeas

Traducción Española

 

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“La hipótesis de la financiarización y el marxismo: ¿una contribución positiva o un caballo de Troya?”: Stavros Mavroudeas

12 enero, 2019 ~ sankarathomas

 

 

Introducción

La Hipótesis de la Financialización (FH) es un argumento popular en la economía heterodoxa contemporánea, la economía política marxista, pero también en la economía dominante. Su tesis básica es que el capitalismo moderno ha sufrido una transformación radical durante las últimas tres décadas. El sistema financiero, a través de una serie de mecanismos innovadores, ha conquistado las alturas dominantes del capitalismo, se ha independizado del capital productivo y ha transformado todo el sistema según sus propias prerrogativas. Este nuevo capitalismo financierizado (o financiero o dominado por las finanzas o fiduciario) opera completamente diferente del capitalismo tradicional.

La FH propone cuatro hechos estilizados como base factual:

+ El aumento del peso del sector financiero en las economías capitalistas avanzadas contemporáneas (participación en el PIB, beneficios, nuevos instrumentos financieros complejos).

+ La reciente tendencia del sector empresarial a financiarse a sí mismo a través de las utilidades retenidas, los mercados de capitales y la “banca en la sombra”.

+ La adopción por parte de las empresas de políticas de maximización del valor de los accionistas y la consiguiente importancia de los inversores institucionales.

+ El aumento del endeudamiento de los hogares trabajadores y de la clase media en varias economías capitalistas avanzadas.

El resultado combinado de estos procesos es que (a) el capital productivo depende totalmente del capital dinero y transforma su modus operandi de acuerdo a los requerimientos de este último y (b) la clase trabajadora depende directamente del capital dinero, que lo explota a través de la usura.

Este nuevo capitalismo dominado por las finanzas es propenso a las crisis debido a su inestabilidad financiera inherente. Al mismo tiempo, la crisis capitalista mundial de 2008 se considera una crisis de financialización, causada por las burbujas financieras y sin raíces en la acumulación real (que sólo se vio afectada posteriormente por el desapalancamiento de las finanzas).

El disparo de FH a la prominencia lo convirtió en un leitmotiv a costa de la coherencia analítica.

Este artículo discute las versiones marxista y casi-marxista del FH y argumenta que malinterpretan el funcionamiento real del capitalismo moderno, lo que conduce a un callejón sin salida explicativo. La espectacular expansión del sistema financiero durante las últimas décadas de débil rentabilidad y acumulación no constituye una nueva época, y mucho menos un nuevo capitalismo. En cambio, constituye una reacción capitalista bien conocida en períodos de débil rentabilidad. Esto no impide la proliferación de nuevos instrumentos financieros que dan nuevas formas especiales de apariencia a un proceso capitalista habitual. A diferencia de la FH, se argumentará que la teoría marxista clásica de la crisis y el capital ficticio ofrece una comprensión analítica y empírica superior de este proceso.

La FH autonomiza completamente el dinero-capital (es decir, la fracción del capital que opera en el sistema financiero) del capital-productivo y, además, lo superpone a este último. Además, la FH sostiene que el capital monetario adquiere también medios de existencia y funcionamiento totalmente independientes del capital productivo. Este argumento de la FH no crea problemas para la teoría de la integración financiera, ya que la economía neoclásica considera que el sistema financiero es un creador independiente de riqueza. Sin embargo, es un gran salto para las corrientes de la FH que atribuyen a la Economía Política. La economía política, tanto clásica como marxista, considera el capital productivo (es decir, el capital dedicado a la esfera de la producción) como el lugar de creación de plusvalía. Las otras dos principales fracciones capitalistas (dinero y capital comercial) operan en el ámbito de la circulación. No producen plusvalía, sino que cosechan parte de la plusvalía creada por el capital productivo como pago por sus funciones necesarias. El FH, al rechazar esta perspectiva, en realidad no significa una nueva época del capitalismo, sino un nuevo capitalismo con diferentes clases y funciones. Este es un escenario muy alejado de la realidad.

La FH y sus versiones marxista y casi-marxista

La idea de que hubo una ruptura estructural en la evolución histórica del capitalismo, después de la cual el sistema financiero conquista las alturas dominantes del sistema, no es nueva. La obra fundamental de Hilferding (1910 (1981)) contemplaba la idea de una nueva importancia estratégica del sistema financiero para la reproducción capitalista. Sostuvo que debido a la mayor concentración y centralización del capital y al aumento de los requisitos financieros, ha surgido una nueva forma híbrida de capital (capital financiero). Se trata de la fusión del capital productivo con el capital bancario (una sección del capital dinero) bajo el dominio de este último. Implícitamente, Hilferding consideró esto como una nueva era del capitalismo, aunque nunca se atrevió a declararlo explícitamente. Con la aparición del capital financiero, las finanzas han destronado al capital productivo de su posición dominante en el circuito total del capital. Son bien conocidas las deficiencias de la tesis del capital financiero de Hilferding. En primer lugar, deja de lado implícitamente la Teoría del Valor del Trabajo Marxista (LTV) y procede con una teoría problemática de la fijación de precios monopolísticos. En segundo lugar, la validez empírica del concepto de capital financiero ha sido refutada (Bond (2010), Harris (1988)). Esta fusión de capital productivo con capital bancario se materializó sólo en un segmento minoritario del mundo capitalista avanzado. A título indicativo, no se materializó en varias economías anglosajonas cruciales en las que la bolsa y no el sistema bancario constituye la principal fuente de financiación para las empresas privadas.

La tesis de Hilferding fue relanzada posteriormente por Sweezy (1942). Sin embargo, cabe señalar que ninguno de los dos rompió con la clásica relación marxista entre plusvalía e interés. Para el análisis marxista, el excedente de valor es extraído por el capital productivo en la esfera de producción y luego es redistribuido entre los beneficios (que se acumulan al capital productivo), los intereses (que se acumulan al capital monetario) y los beneficios comerciales (que se acumulan al capital comercial). Por lo tanto, el dinero-capital puede dominar el estratégicamente productivo-capital, pero no puede vivir independientemente de este último.

La idea de Hilferding de esta dominación estratégica fue tomada por amigos y enemigos dentro de la tradición marxista. Fue Lenin (1917), en su imperialismo, quien lo retomó y lo refundió dentro de una teoría formal de las etapas capitalistas. Argumentó que ha surgido una nueva etapa del capitalismo, el capitalismo monopolista. Una de sus principales características es este dominio estratégico, ya que adoptó el concepto problemático de Hilferding. Sin embargo, Lenin siguió la LTV marxista y siempre consideró al capital dinero como un apéndice del capital productivo, ya que el interés es parte del superávit de valor y el capital dinero no tiene una fuente independiente de riqueza. Por otro lado, la teoría de Lenin de las etapas -a pesar de algunas deficiencias y ambigüedades- ofrece una caja de herramientas coherente y valiosa a través de la cual el análisis marxista puede concebir transformaciones en el capitalismo.

Resumiendo, la Economía Política Marxista dentro de su teoría de las etapas argumentó que durante el capitalismo monopolista el sistema financiero adquirió dominio estratégico sobre el circuito total del capital, pero que nunca dejó de depender económicamente del capital productivo. En pocas palabras, era un parásito dominante y también necesario. Esta concepción -a pesar de aspectos problemáticos como el capital financiero- tiene tanto realismo como coherencia analítica.

El panorama teórico cambió una vez más después de la crisis global de 1973 que significó el agotamiento de la etapa del capitalismo monopolista. La crisis económica mundial de 1973 y su rentabilidad decreciente, que provocó varias oleadas de reestructuración capitalista, sólo logró restaurar parcialmente la profitability del capital. En otras palabras, la tasa de profit nunca llegó a alcanzar los niveles de 1973. Esta recuperación capitalista incompleta llevó a una huida hacia adelante: el sistema empleó vigorosamente las operaciones de capital ficticio para sostener y vigorizar la acumulación de capital. La rápida desregulación e internacionalización de las finanzas durante la década de 1990 inició el proceso de lo que se ha dado en llamar financialización. Los capitales sobreacumulados en los sectores productivos de la economía desplazaron sus actividades hacia operaciones de capital ficticio con el fin de mejorar su rentabilidad. Estos desarrollos han llevado a interpretaciones según las cuales surge una nueva época para el capitalismo, donde el capital financiero es liberado del gobierno del capital productivo y, siguiendo un curso autónomo, ahora domina toda la economía capitalista. Estos cambios significativos que tuvieron lugar durante las últimas décadas del siglo XX influyeron de manera crucial en las opiniones sobre el papel del sistema financiero, así como en el debate en curso sobre la relación entre el capital productivo y las finanzas.

El mismo término “financiarización” fue acuñado por primera vez por la escuela de la Revista Mensual (MR). Sweezy (1994, 1997), en sus últimos trabajos se refirió a “la financiarización del proceso de acumulación de capital” como una de las tres tendencias del cambio de siglo (las otras dos son el poder monopólico y el estancamiento). La financiarización como tal fue inaugurada en un volumen colectivo editado por Epstein (2005) que incluía un artículo de Krippner (2005). Este último introdujo el término “financiarización” como marca comercial de las recientes transformaciones del sistema capitalista. No obstante, Krippner (2005, p.199) tenía reservas sobre si la financiarización constituye una nueva fase del capitalismo; argumentando que no necesariamente `representa una fase completamente nueva del capitalismo…[ni] estos datos nos permiten sacar conclusiones sobre la permanencia de las tendencias aquí documentadas’.

Sin embargo, no fue la escuela de RM sino los post-keynesianos quienes adoptaron enérgicamente el término y rara vez lo trataron como su propiedad exclusiva.

La incorporación del término en los análisis marxistas y casi-marxistas siguió un poco más tarde. Τhere son cuatro versiones de la FH en la literatura marxista. Los dos se mantienen dentro del marco analítico marxista (B.Fine, MR) mientras que los otros dos tienen un sabor más bien marxista en el sentido de que abandonan el primero y coquetean con el post-keynesianismo (Lapavitsas, Bryan).

Fine (2009, 2010) considera el crecimiento de las finanzas y las nuevas formas financieras de los últimos treinta años como una fase especial del neoliberalismo (que él define más como una tendencia política que como una etapa per se). Teoriza esta nueva fase a través de la LTV marxista y su teoría del dinero. La financiarización se produce cuando la acumulación de capital remunerado (IBC, que se definirá más adelante) en la economía se hace extensiva e intensiva. El crecimiento “intensivo” y la proliferación de activos financieros significan su creciente distancia de la producción, mientras que “extensivo” significa la extensión de las IBC a nuevas áreas de la vida económica y social en formas híbridas de capital (Fine (2013-2014), p.55). En tales condiciones, las finanzas sólo pueden adquirir una posición dominante por lo que se refiere a la acumulación de capital en el entorno estructurado de la “banca en la sombra”. En este último contexto, el intercambio puede verse facilitado por la intermediación y la presencia dominante de capital ficticio. Para Fine finance no se pueden adquirir canales autónomos de explotación de la clase obrera. Las nuevas formas de operación del dinero capital y los nuevos arreglos institucionales son políticas que son utilizadas por el capital para superar sus problemas y contradicciones. En resumen, Fine sigue la lógica marxista de relacionar las finanzas con la esfera de la producción y considerar el beneficio financiero como parte del plusvalor. Lo que falta en su análisis es cómo se relaciona el actual surgimiento de la financiarización con la rentabilidad.

El MR, aunque la financiarización se inició bajo sus auspicios, se adoptó con retraso (por ejemplo, Foster (2010)). Sumida en su subconsumo marxo-keynesiano, se esforzó por demostrarlo ante evidencias empíricas abiertamente negativas (ya que la crisis de 2008 no se acompañó de signos subconsumistas). Adoptó la financiarización junto con los argumentos de que (a) el aumento de las desigualdades de ingresos conduce al aumento del endeudamiento de los hogares (que es una forma de subconsumo encubierto) y (b) que el aumento del apalancamiento financiero y la especulación es parte de la era neoliberal de la desregulación. Identifica esta última como una nueva etapa del capitalismo, calificada como Neoliberalismo, o Globalización o más tarde como Globalización Financiera. Sin embargo, tampoco sostiene que el beneficio financiero se haya independizado de la plusvalía. El enfoque de las Estructuras Sociales de Acumulación (ASS) sigue un camino similar al del RM que identifica la financiarización con el ASS neoliberal (Tabb (2010)) y añade su propio énfasis en las instituciones.

Bryan et.al (2009) argumentan que desde principios de la década de 1980 las finanzas se han convertido en productos básicos a través de varias innovaciones financieras (titulización, derivados, etc.). Aunque Bryan (2010) evita caracterizarlo como una nueva etapa capitalista, lo implica esencialmente. Afirma que (a) el aumento del apalancamiento y los derivados y (b) la explotación financiera de los trabajadores a través de préstamos usureros cambian radicalmente las funciones y la estructura de clases del capitalismo. Sostienen que la relación salarial (es decir, el tiempo de trabajo) y su relación con el dinero han dejado de estar relacionadas, pero separadas, y que la segunda ha subsumido a la primera. Al mismo tiempo, el trabajo se convirtió en una forma de capital, ya que la reproducción de la mano de obra es ahora una fuente de transferencia de plusvalía en forma de pago de intereses y de “financiarización de la vida cotidiana”. En su formulación muy peculiar, detrás de la terminología marxista (plusvalía, etc.) la explotación no se limita al tiempo de trabajo no remunerado sino que se extiende a la usura. Además, el argumento de que el trabajo es ahora una forma de capital implica directamente una nueva estructura de clases diferente del capitalismo típico.

Lapavitsas (2008), adoptó la finacialización directamente del poskeynesianismo. Sostiene, en el espíritu de la “banca en la sombra”, que la banca típica es casi redundante y que el sistema financiero se está convirtiendo en un sistema totalmente basado en la bolsa de valores. El capital ficticio es un concepto redundante y los nuevos desarrollos financieros no se relacionan, ni siquiera remotamente, con la esfera de producción y tienen que ser analizados de forma independiente. Por lo tanto, la LTV y su teoría del dinero se descartan esencialmente. Introduce el vago concepto de “finanzas” como el nuevo maestro del sistema. Para evitar las críticas de proponer dos clases capitalistas separadas, argumenta que las “finanzas” subsumen y remodelan el capital productivo de acuerdo con sus prerrogativas. Por consiguiente, no existe una distinción significativa entre ellos. Además, ‘finanzas’ adquiere un canal de explotación directa de los trabajadores a través de la provisión de préstamos usureros: Estas prácticas recuerdan la antigua tradición de la usura, pero ahora las realiza el sistema financiero formal” (Lapavitsas (2009)). Inicialmente calificó esta nueva fuente de beneficios financieros de “explotación financiera”. Después de las críticas (por ejemplo, Fine (2009)) por confundir la explotación capitalista con la explotación precapitalista de la usura, hizo un lifting sin consecuencias y cambió el término a “expropiación financiera”. Sostiene que esto permite a las instituciones financieras aumentar sus beneficios independientemente de la plusvalía y posiblemente explotarnos a todos (Lapavitsas (2014), aludiendo a otros estratos sociales aparte del trabajo). Para él, esta nueva estructura constituye una nueva etapa del capitalismo (o un nuevo “orden social”, como él lo califica en términos más gráficos pero menos coherentes teóricamente). Además, argumenta que no existe una teoría general de la crisis (como el marxismo), pero que cada crisis es históricamente específica. Sostiene que la crisis de 2008 fue una crisis de financiarización sin relación alguna con la rentabilidad (ya que esta última se mantuvo constante (Lapavitsas & Kouvelakis (2012)).

La FH casi-marxista y marxo-keynesiana, adopta esencialmente la teoría del dinero endógeno post-keynesiano que es altamente problemática ya que no puede definir coherentemente lo que es el `capital’ y, en consecuencia, malinterpretar la relación entre interés y beneficio. Esencialmente, su enfoque es similar al de la antigua Escuela Bancaria y se enfrenta a problemas similares. Así, el FH casi-marxista y marxo-keynesiano sacrifica -o deforma más allá de todo reconocimiento- el concepto marxista crucial del capital ficticio y termina con lo mismo con los Mainstreamers y el argumento post-keynesiano: el sector monetario domina el sector real y es independiente de estas últimas fuentes de beneficio. Pero lo que llama la atención excepcionalmente es la confluencia esencial de la FH casi-marxista con la teoría de clases postkeynesiana. Como ya se ha analizado, el pensamiento keynesiano y post-keynesiano hereda la noción de rentista de la economía política clásica, pero en realidad la deforma. Para los antiguos rentistas (en la versión de los terratenientes, que es un remanente transformado del feudalismo) eran una clase separada, que no hacía negocios sino que se apropiaba de rentas que se sustraían de las ganancias empresariales y, por lo tanto, disminuían las inversiones. Este conflicto que caracterizó al capitalismo durante los años de A. Smith y D. Ricardo hace tiempo que dejó de existir. La propiedad de la tierra se ha asimilado a la clase capitalista y ha perdido su existencia y función independiente. El keynesianismo redefinió esta distinción entre industriales y financieros, considerados esencialmente como clases separadas. El keynesianismo no tiene problemas analíticos con esto, ya que argumenta que otros factores afectan el ahorro y otras inversiones. Sin embargo, el marxismo concibe el dinero y el capital productivo como formas de capital total que participan en la formación de la tasa general de ganancia (que entre otras cosas es un proceso que unifica a la burguesía contra el proletariado). Debido a que el interés es parte del plusvalor y las ganancias financieras dependen de la tasa general de ganancia, el marxismo no eleva el carácter distintivo del dinero y del capital productivo hasta el punto de ser clases separadas.

Por último, pero no por ello menos importante, las corrientes marxistas de la FH tienen una débil teoría de la crisis. No ofrecen una teoría general de la crisis capitalista, sino que optan por una teoría coyuntural. Cada época histórica y cada crisis particular tiene sus propias especificidades. Pero esencialmente, como Tomé (2011) muestra claramente, la FH finalmente atribuye a una teoría keynesiana de la posibilidad de crisis. Esta es una teoría muy insustancial de la crisis, especialmente de aquellas corrientes de la FH que se refieren incluso de pasada al marxismo. Lapavitsas (2014: 37) es de nuevo un ejemplo típico. Afirma que el desarrollo de financialisation no tiene nada que ver con la tendencia a la baja de la tasa de beneficios de Marx. Además, afirma que la caída de profitability en la producción capitalista nunca fue un factor clave detrás del ascenso de finance

El marxismo clásico contra la FH

La FH afirma que ofrece un marco analítico superior para comprender las transformaciones económicas de las últimas décadas. El lado empírico de la FH está más allá del alcance de este documento; aunque hay pruebas convincentes de que la acumulación real sigue siendo el centro del sistema capitalista y que la caída de la rentabilidad a-la-Marx está en el centro de la crisis de 2008 (por ejemplo, Shaikh (2010), Mavroudeas & Paitaridis (2015)). También hay fuertes rechazos de la aplicabilidad empírica de la FH para economías específicas (por ejemplo, Mavroudeas (2015)). Esta sección ofrece una alternativa al análisis del FH sobre los recientes desarrollos del capitalismo que se basa en la perspectiva marxista clásica.

El marxismo clásico analiza la relación entre acumulación monetaria y acumulación real a través de las lentes del circuito total del capital que revela el modus operandi de las distintas formas de capital, en unidad en el contexto de la acumulación real. Esta exposición unificada está ausente tanto de la perspectiva dominante como de la post-keynesiana y le da al marxismo una comprensión superior de la relación entre finanzas y producción, donde la esfera de producción tiene una primacía estructural (e históricamente permanente) sobre las finanzas. Este punto de vista permite que el marxismo no sea presa de hechos estilizados cuestionables que crean falsas impresiones sobre nuevas etapas y, al mismo tiempo, que sea capaz de analizar nuevos fenómenos dentro de los contornos de los mecanismos fundamentales de funcionamiento del sistema capitalista.

El circuito de capital total de Marx presenta cómo funciona el capital y asume diferentes formas para extraer plusvalía:

M → C …… P…….C’ → M’

↓                      ↓

c+v                  c+v+s

donde M: dinero

C: productos básicos (medios de producción (c) y fuerza de trabajo (v))

P: proceso de fabricación

C”: productos de mayor valor producidos (mediante la inclusión de plusvalía(s))

M”: mayor rendimiento del dinero (en forma de beneficio) para el C”.

El circuito comienza con la circulación (el avance de M para comprar C) y termina con la circulación (el pago de M’ para C’). Entre C y C’ tiene lugar el proceso de producción donde se interrumpe la circulación y se extrae el exceso de valor. Las tres formas fundamentales de capital (dinero-capital, capital-productivo y capital-comercial) funcionan de manera diferente, pero también están entrelazadas en este circuito. El dinero y el capital comercial, que operan en el ámbito de la circulación, operan al principio y al final. El capital productivo opera en el centro. La esfera de producción (y por lo tanto el capital productivo) tiene primacía sobre las demás, ya que el plusvalor (el objetivo del sistema capitalista) se extrae bajo sus auspicios (Fine & Harris (1979)). Este plusvalor se redistribuye posteriormente entre capital productivo, monetario y comercial, ya que el primero necesita el apoyo de los otros dos.

El dinero juega un papel crucial en este circuito. Es el elemento más móvil del circuito. Cuando representa valor (no se ha convertido en capital), tiene su mayor fluidez. Sin embargo, cuando entra en el proceso de producción y se convierte en capital (que es necesario para reclamar un valor añadido) se vuelve menos fluido. El capital recupera su fluidez cuando las materias primas producidas se venden a cambio de M’. Parte de ese dinero se reinvierte en el proceso de producción, convirtiéndose en menos capital fluido, mientras que otra parte es consumida o acaparada por el propietario del dinero.

Existe una tensión entre la movilidad inherente al dinero y su vinculación necesaria en el proceso de producción. El dueño del dinero lo ve como un proceso que toma tiempo y es arriesgado. Esto lo hace indeseable y sólo se llevaría a cabo si es probable que los beneficios esperados sean significativamente mayores que los de otros capitalistas involucrados en el proceso que mantuvieron la flexibilidad, como el capital-dinero que opera en la etapa M o el capital-comercial que funciona en la etapa C. Como cada capitalista se ve a sí mismo como un aprovechado del sistema (es decir, trata de dejar a sus pares los costos de la operación funcional del sistema capitalista), rara vez trata de separarse de los límites de la producción. Hay fases de los ciclos económicos en las que esta tendencia se fortalece y otras en las que se debilita. Por ejemplo, a lo largo de gran parte del siglo XIX se observó un mayor rendimiento del capital productivo. Pero, sobre todo después de la crisis de 1873, esto cambió y la tendencia a la fluidez volvió. Las acciones transferibles y su mercantilización se convirtieron en el medio dominante a través del cual los capitalistas trataron de reducir el riesgo de su participación en el proceso de producción.

El marxismo comprende la unidad y la lucha interna del capital y las complejas funciones del dinero-capital a través de la distinción entre el uso del dinero como crédito y el uso del dinero como capital. Los préstamos y el uso del dinero como capital son diferentes porque el dinero se usa no sólo para comprar un bien o para hacer un pago, sino para ganar más dinero. Desde la perspectiva de la producción capitalista, esto ocurre cuando se pide dinero prestado para expandir la acumulación con la expectativa de una ganancia futura. Marx distingue cuidadosamente entre las funciones del capital de dinero. El dinero involucrado en las actividades de préstamo y empréstito del sistema financiero capitalista se define como capital en dinero prestado (LMC). LMC se subdivide en dos formas genéricas: capital de negociación (MDC) y capital con intereses (IBC). MDC adelanta crédito en general para la compra y venta en el ámbito de la circulación. IBC utiliza las relaciones de crédito para adelantar capital monetario con el fin de apropiarse de la plusvalía.

Tradicionalmente, el sistema financiero capitalista recolecta fondos ociosos y los canaliza hacia la inversión a través del crédito y los mercados de capital (que operan de manera diferente). Los mercados de crédito involucran tanto a MDC como a IBC. Los mercados de capitales involucran únicamente a las IBC. La novedad de las formas híbridas recientes (como la “banca en la sombra”) es que combinan de manera compleja el funcionamiento de los mercados bancarios y de capitales. Por lo tanto, combinan MDC e IBC.

El sistema crediticio comienza con el crédito comercial, que surge a través de relaciones comerciales vinculadas principalmente a sectores similares y/o relacionados y a la proximidad geográfica. Luego viene el crédito bancario (cobranza y adelanto de LMC por parte de los bancos), que surge en el descuento de las letras de cambio y se basa en la cobranza de dinero ocioso de varias fuentes, superando así algunas de las particularidades del crédito comercial. Al recolectar dinero ocioso de varias fuentes en la economía, los bancos homogeneizan parcialmente el crédito y comienzan a darle un carácter menos individual. El siguiente ejemplo es el mercado monetario (donde la LMC se negocia entre bancos). La parte superior del sistema de crédito es el banco central (el principal banco del mercado monetario).

El mercado de capitales acompaña al sistema crediticio. A diferencia de este último, moviliza el dinero ocioso sobre la base de la propiedad (capital social) en lugar del crédito (deuda). Sin embargo, el mercado de crédito está conectado con el mercado de valores, ya que ambos obtienen fondos del mismo grupo de LMC y los préstamos de la primera sostienen las operaciones en la segunda.

Debido a que las IBC son dinero-capital que se negocia como una mercancía que comanda intereses, tienen un carácter dual en el contexto del circuito total. Por un lado, se relaciona inmediatamente con el ámbito de la acumulación real para el pago de intereses y, por otro, se relaciona inmediatamente con la forma del dinero de crédito. Por lo tanto, tiene cierto grado de libertad hacia la esfera de la acumulación real, ya que la tasa de interés que determina las IBC se forma fuera del circuito total por la oferta y la demanda de LMC. Esto le da a IBC una segunda dualidad. En primer lugar, porque es una relación entre un capitalista que posee dinero (capitalista “monetario”) y un capitalista que posee un proyecto de inversión (capitalista “funcional”), puede dar lugar a la especulación (es decir, a la búsqueda de rentas). En segundo lugar, las IBC surgen de la generación de sumas de dinero en la rotación del capital social total, que son transformadas posteriormente en LMC por el sistema de crédito.

Las sociedades comerciales internacionales se diferencian del capital productivo por el hecho de que su propietario, a través de la concesión de préstamos, reclama parte del valor excedentario (en forma de intereses) sin ninguna participación directa en la producción. En casos de desarrollos no deseados (conflictos entre mano de obra y capital en la producción y distribución, caída de la rentabilidad, etc.), el prestamista de IBC lo retira e invierte en otros sectores en lugar de tener que intervenir directamente en la industria. Esta característica de las IBC es crucial para el dinero-capital (bancos) porque aumenta la liquidez de sus pasivos. Sus depósitos, que (al menos para los bancos comerciales) constituyen la base de sus operaciones de negociación de dinero, son muy líquidos, ya que los depositantes no están vinculados a ningún banco en particular. En sistemas bancarios bien desarrollados, el conocimiento personal y la confianza no entran en la relación, de modo que los depósitos y otros instrumentos monetarios son formas no específicas y anónimas en las que se puede mantener el capital. Las operaciones de compraventa de dinero que realizan los bancos y la competencia dentro del sector bancario facilitan este distanciamiento del dinero y los depósitos de vínculos específicos. Sin embargo, la libertad de IBC tiene límites porque al prestar directamente a la industria no puede ser totalmente indiferente a los resultados de esta última.

El capital ficticio es una forma de IBC. Las sociedades comerciales internacionales ya se definen como dinero-capital que se presta para ser utilizado en la esfera de la producción para extraer plusvalía, en contraste con el simple préstamo de dinero (dinero como tal) que simplemente facilita las transacciones en general. Sin embargo, dado que existe la obligación de reembolsar un préstamo (que adopta la forma de deuda), es posible que esta deuda adquiera vida propia. En consecuencia, la obligación (que adopta la forma de valores, por ejemplo, acciones, bonos), puede ser comprada y vendida autónomamente a un valor monetario determinado, que podría o no corresponder a la capacidad de su suma de dinero (si se utiliza como capital en la esfera de la producción) para obtener un valor excedentario suficiente. Esta circulación autónoma de IBC en forma de valores es llamada por Marx capital ficticio. Ficticia’ no implica que no exista o que haya sido creada artificialmente. Denota que su circulación es distinta de la circulación o el rendimiento del capital que representa (Fine (2013-2014), págs. 49-50). Por lo tanto, el capital ficticio está relacionado con las actividades financieras del capital en general y se vuelve más crucial cuando el sistema financiero se vuelve más complejo.

En la práctica, el capital ficticio representa una apuesta incierta por el plusvalor que podría ser extraído en el futuro, pero que está siendo descontado en el presente. Su funcionamiento está estrechamente relacionado con la expansión de las sociedades anónimas, la negociación de sus activos en bolsa y la expansión del dinero de crédito (que facilita en gran medida sus transacciones y sus valoraciones). Los períodos de euforia económica suelen fomentar altas expectativas sobre el futuro y, por lo tanto, pueden generar oleadas de crecimiento económico sólido (ya que influyen positivamente en la inversión). Estos auges impulsados por las expectativas suelen tener la tendencia a excederse, es decir, a crear expectativas de futuro cada vez más optimistas. Pero tan pronto como la “economía real” no pueda mantener el ritmo de esas expectativas (es decir, la inversión no conduce a los beneficios esperados), su crecimiento comienza a tambalearse. En otras palabras, los llamados “fundamentales” recuerdan a la realidad el crecimiento insostenible creado por el capital ficticio. Los bustos que siguen tienen también la tendencia a rebasar; pero esta vez al lado negativo. Éstas suelen llevar al estallido de una crisis económica debido al estallido de la llamada “burbuja”.

Este papel ha sido reconocido desde hace mucho tiempo por los economistas marxistas. H.Grossmann (1929, p.158) mostró que “entre los factores que contrarrestan la ruptura, Marx incluye el hecho de que la parte cada vez mayor del capital social toma la forma de capital social:

….estos capitales, aunque invertidos en grandes empresas productivas, sólo producen grandes o pequeñas cantidades de intereses, los llamados dividendos, una vez deducidos los costes…. Por lo tanto, no sirven para nivelar la tasa de beneficio, porque producen una tasa de beneficio inferior a la media. Si no lo hicieran, la tasa general de beneficios caería mucho más bajo. (1959, p.240)’

Esto indica la capacidad del sistema crediticio para seguir obteniendo beneficios cuando la acumulación real empieza a tener dificultades, lo que retrasa la caída de la tasa general de beneficios. Sin embargo, a pesar de la relativa autonomía del sistema crediticio, en última instancia, sus operaciones cumplen ampliamente con el movimiento esencial de la acumulación capitalista. Así, la fase de crisis del ciclo económico capitalista comienza típicamente con el colapso de la especulación en los productos básicos almacenados por los comerciantes mayoristas, y el aumento de la tasa de interés que afecta a la estructura de la deuda en algún momento causando su colapso, lo que lleva a la fase de crisis a ser seguida por la depresión.

Itoh (1988, pp.303-342), siguiendo la escuela Uno del marxismo japonés, incorporó esta función dentro de las fases de los ciclos económicos. Sostuvo que hacia el final de la fase ascendente y al comienzo de la sobreacumulación, la tasa de beneficios disminuye y los precios de las materias primas tienden a subir. Luego, el comercio especulativo y el almacenamiento de materias primas tienen lugar a la espera de nuevas subidas de precios. El comercio especulativo también aparece en la bolsa de valores a medida que los precios de las acciones de algunas industrias comienzan a subir en respuesta al aumento de los precios de sus materias primas.

En resumen, el marxismo clásico tiene un marco coherente y sofisticado para comprender el fenómeno de la euforia financiera prolongada sin separarlo de la acumulación real. Este marco también puede explicar satisfactoriamente las recientes innovaciones financieras.

El cambio contemporáneo más dramático es que la letra de cambio (con sus vínculos directos con la financiación de la producción y el comercio) es sustituida como activo financiero dominante por la “repo” (“sale and repurchase agreement”). En una operación repo, un prestatario de efectivo vende un paquete de valores por una cantidad de dinero a un prestamista con el acuerdo de que el primero recomprará los valores por otra cantidad de dinero después de un período fijo. De este modo, los valores actúan como garantía para el préstamo en efectivo. En el caso de que el prestatario en efectivo incumpla con el pago, el prestamista en efectivo es el propietario de los valores para mantenerlos, venderlos o utilizarlos de nuevo como garantía. En este contexto, la evolución institucional llevó a que la noción de “banco” se volviera elástica y surgió el fenómeno de la “banca en la sombra”.

Esta tendencia tiende a fusionar los dos pilares del sistema financiero (el crédito y los mercados de capitales) principalmente a través de la titulización. Sin embargo, la titulización transforma la propiedad en activos financieros negociables contra una promesa de reembolso; es decir, en capital ficticio. De esta manera, el sistema financiero contemporáneo se volvió más inestable a medida que se perturbaban los mecanismos institucionales tradicionales y la confianza.

Toda esta casa de naipes financiera contemporánea depende de la extracción de plusvalía en el ámbito de la producción. Tras la crisis de rentabilidad de 1973, las posteriores oleadas de reestructuración capitalista no lograron resolver la crisis de sobreacumulación. A pesar del dramático aumento de la explotación laboral (es decir, el aumento de la tasa de plusvalía), evitaron una destrucción decisiva de capitales inviables. Por lo tanto, la rentabilidad nunca se recuperó lo suficiente. El último truco, junto con la `globalización’ (que nunca extinguió la economía nacional sino que aumentó la presión tanto sobre el trabajo como sobre los capitales inviables), fue la expansión de las operaciones de capital ficticio. Sin embargo, como ya se ha dicho, esta estratagema tiene límites definidos. La expansión a través del dopaje financiero pronto alcanzó sus límites establecidos por la acumulación real. Así, estalló la crisis de 2008. El colapso financiero se orientó estrictamente a los problemas de la acumulación real.

Con respecto al otro pilar de las corrientes marxistas de la FH, a saber, que las finanzas adquieren un mecanismo de “explotación directa” a través de la usura independiente del excedente de valor, existe un fuerte rechazo. Fine (2009) argumentó con precisión que interpreta mal el marco analítico marxista. Los ingresos financieros de los préstamos concedidos a los trabajadores pueden ser (a) una apropiación adicional de una parte del valor de su mano de obra o (b) una parte del valor de su mano de obra que se gasta en la adquisición de productos socialmente necesarios. En el primer caso, si esta apropiación se convierte en permanente, entonces conducirá a un nuevo valor inferior de la fuerza de trabajo. En el segundo caso, el valor actual de la fuerza de trabajo es en realidad inferior a lo que parece. En ambos casos no hay beneficios financieros adicionales -y además independientes de la plusvalía-. Argumentar lo contrario significa que estas corrientes marxistas del FH proponen una teoría diferente de la determinación de la fuerza de trabajo y del funcionamiento del mercado laboral que la del marxismo. En tal teoría, las relaciones de poder directas en lugar de los mecanismos económicos indirectos son el único mecanismo que puede permitir que el sistema financiero obtenga beneficios adicionales. Una vez más, este punto de vista malinterpreta al capitalismo como un sistema pre-capitalista.

Conclusiones

Las corrientes marxistas y casi-marxistas de la FH, con la notable excepción de la interpretación bastante peculiar de B.Fine, se equivocan en cinco aspectos.

En primer lugar, interpretan los fenómenos coyunturales y de corto plazo como cambios estructurales de largo plazo. En términos metodológicos, la FH es una teoría de rango medio (para una crítica de esta metodología ver Mavroudeas (2012), Ch.3).

En segundo lugar, promueven la falsa percepción de que la expansión financiera posterior a la década de 1990 fue un fenómeno totalmente nuevo sin precedentes históricos previos.

Tercero, su argumento sobre el novedoso mecanismo de’explotación directa’ del sistema financiero equipara injustificadamente al capitalismo con la era pre-capitalista de transición del feudalismo al capitalismo.

Cuarto, proponen un análisis de clase poco realista.

En quinto lugar, conducen a una confusión analítica injustificada, ya que oscurecen la comprensión de los procesos económicos y sociales fundamentales del capitalismo.

En pocas palabras, la grandiosa propuesta de la FH sobre una nueva etapa del capitalismo o incluso una nueva forma de capitalismo no explica analítica y empíricamente la evolución del capitalismo contemporáneo. Por el contrario, el marxismo clásico ofrece una perspectiva analítica y empírica superior.

 

REFERENCIAS

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Este documento fue presentado en la Segunda Conferencia Mundial sobre Marxismo, “El marxismo y el mundo actual y China”, Universidad de Pekín, 5-6 de mayo de 2018.

 

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One response to “La hipótesis de la financiarización y el marxismo: ¿una contribución positiva o un caballo de Troya?”: Stavros Mavroudeas

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